Brotan orquídeas de tu sangre: posesión y nigromancia
- Espacio de Escrituras

- 4 nov 2021
- 2 Min. de lectura
Por Estephany Bonilla
En “Brotan orquídeas de tu sangre” la autora Beatriz Meyer nos muestra un panorama poco frecuente en la literatura mexicana. El cuento nos narra la historia de Amelia, una mujer que, a punto de casarse, recibe una orquídea africana de parte de Néstor, su antigua relación. La flor, que a ojos de los protagonistas su forma refleja una especie de cara de calavera, llega a su vida para conocer el pasado de Néstor y sus juegos con la nigromancia, juegos que terminan por atormentar la vida del personaje principal, así como a sus cercanos.

La historia pertenece a Sucedió un cuerpo, el cuarto libro de cuentos publicado en 2012, donde en palabras de Jesús Bonilla Fernández “la sensualidad y la sexualidad se manifiestan como la única metáfora de la vida”. Y es que, la escritura de la autora se instala entre lo erótico y lo fantástico; envolviendo al lector en situaciones que alteran profundamente la psique y la realidad, atrapando la atención desde un inicio. El cuento “Brotan orquídeas de tu sangre” no es la excepción: la historia comienza en in medias res, poniendo al lector en un estado de alerta y de dudas. Esto mientras la voz narrativa presenta al personaje principal, Amelia, desde su perspectiva y desde su familiaridad. Así, en manos de sus ojos conocemos la vida de Amelia, cuya vida parece normal. La normalidad, sin embargo, se ve afectada en manos de la nigromancia y de un pasado del cual será imposible escapar.
Para el lector es fácil empatizar con el descenso del personaje, que es rechazada bajo su propia familia. Cuestiona, sin duda alguna, los modelos masculinos que se presentan es distintos planos, poniendo a la mesa temas como la posesión masculina, desde lo físico y mental. Desde lo real y lo fantástico
La complicidad de esta posesión varonil se ve desarrollada bajo un horizonte fantástico y oscuro tan bien construidos que hace que el lector se enfrente a mundos posibles. Así, el cuento nos sumerge en medio de una violencia que, gracias a un manejo del leguaje, simbolismos y vidas fantásticas, no resulta abrumadora ni grotesca, pero sí innegable.






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